Fira i Festes de Gandia

Dónde comer en Gandia durante la Fira

Comer es parte del programa de la Fira. Estos días, Gandia combina su plato bandera de siempre con una gastronomía de calle muy particular, heredada de los antiguos mercados de feria. Esto es lo que no deberías perderte.

La fideuà, el plato bandera

La fideuà de Gandia es el plato estrella de la gastronomía marinera local: fideos finos y marisco, nacida en el mundo pesquero de la ciudad. Durante la Fira cobra un protagonismo especial en las cartas de los restaurantes del centro y del Grau (el barrio del puerto), donde encontrarás desde versiones clásicas hasta interpretaciones de cada casa.

No hace falta que te demos una lista cerrada: en Gandia la fideuà es cosa seria y es difícil equivocarse. Pregunta en tu hotel o déjate llevar por los restaurantes del centro y de la zona del puerto.

El porrat: la gastronomía de calle de la Fira

La comida callejera de la Fira tiene nombre propio: el porrat, el mercado tradicional de feria valenciano. Sus puestos venden lo que se ha vendido en las ferias de aquí durante generaciones:

  • Tramussos (altramuces) y avellanas.
  • Peladillas e higos secos.
  • Turrones tradicionales valencianos.

Si conoces las Fallas, notarás la diferencia: allí la calle huele a bunyols de carabassa (buñuelos de calabaza) recién fritos con chocolate; aquí, en la Fira, mandan los frutos secos tostados, los turrones y los dulces de toda la vida del mercado de feria. Es otra fiesta y otro paladar.

La Plaça del Mosset: food trucks y música

Para una cena informal, la Fira monta su propio recinto gastronómico: la Plaça del Mosset, un espacio de ocio culinario con food trucks de propuestas internacionales y música acústica en directo. Es el punto de encuentro perfecto entre acto y acto: picas algo, escuchas música y sigues con el programa.

Mercados temáticos con producto artesano

Durante la Fira, el centro histórico se transforma en un gran mercado al aire libre organizado por zonas temáticas: un mercado renacentista, un zoco árabe y el porrat tradicional. Además de comida, los puestos artesanos venden juguetes de madera, joyería, jabones tradicionales y cerámica — buen terreno para un recuerdo que no sea el típico imán de nevera.

Pasear entre los puestos, con un cucurucho de peladillas en la mano, es una de las experiencias más genuinas de la Fira. Y si te organizas bien, entre mercado y mercado siempre cae una fideuà.